Capítulo XII

Satur quiere llevarse a su hijo a la romería; pero Estuarda se niega. Va a visitarla a su lugar de trabajo y, por accidente, se entera de que uno de los clientes es francés y es duque. Satur ve un tatuaje en la espalda del francés y, atando cabos, se da cuenta que es el duque de Valois.
Se lo cuenta a Águila Roja; y éste llega, a la conclusión, que debe ser el candidato de la Logia para sustituir al Rey.
Cuando se dispone a localizar al duque, los hombres del Rey se le anticipan; lo capturan; y lo llevan a palacio. El Rey, que está en la cama con Lucrecia, es molestado por su ayudante (uno de los conspiradores) con la noticia.


La Marquesa de Santillana se esconde bajo las sábanas. El ayudante requiere de la llave para encerrar al duque; pero el Rey no se la da. Prefiere levantarse de la cama e ir personalmente, aduciendo que, en estos tiempos, ya no se puede distinguir a los leales de los traidores. La llave la lleva Felipe II en una cadena en el cuello.

Mientras, Gonzalo sueña con Margarita en presencia de Satur, que entra en su habitación. Gonzalo habla en sueños. Satur consigue despertar a Gonzalo que, en ese momento, lo abraza.

Satur le advierte de las intenciones del doctor con Margarita y el beso que le dió.
Margarita y el doctor hablan sobre su situación. El doctor sospecha que Margarita está enamorada de Gonzalo; y le dice que él ,siempre, estará esperándola.

Los conspiradores acusan a Lucrecia de traición. Descubren una prenda de ella en la cama del Rey. Estos irrumpen en casa de Lucrecia acusándola de traición delante del Comisario que, de las aventuras de la marquesa con el Rey, no sabe nada. Como muestra de que no es una traidora, le exigen a Lucrecia que le robe, al monarca, la llave de las mazmorras reales, que lleva colgada al cuello.
El Comisario desconfía, ahora, de Lucrecia; más por los celos de ser la amante del Rey, que de traición a la Logia. Hernán ama a Lucrecia y tenía la esperanza de que fuese su mujer. Ella le pide ayuda; pero él se la niega: „Yo no comparto a mi mujer ni con el Rey”.

Satur habla con Cipriano sobre los sueños de Gonzalo con Margarita. Le pide que no se lo cuente a nadie; pero se lo dice a su mujer, que se lo cuenta a Catalina. Al final, Gonzalo va a pedir, ese mismo día, a Margarita, que se case con él. Esa es la versión tergiversada que le llega a ella tras pasar por tantas bocas.

Gonzalo averigua que Valois está encerrado en las mazmorras reales. Necesita hablar con él; ya que está convencido que es el único capaz de llevarle hasta el asesino de su mujer. Pero nadie sabe cómo entrar en esas cárceles ni cómo salir. Satur parece que recuerda a alguien; que, a su vez, sabía de otro alguien
El rey ordena torturar a Valois.

Gonzalo visita a Lucrecia para pedirle llevarse a Nuño a la romería con el resto de los muchachos. Lucrecia concede la petición pese a ser una fiesta de plebeyos. Alonso y Nuño se retan al concurso de tiro con arco para conseguir la medalla del premio que, previamente, Alonso ha prometido en el cementerio llevarle a su madre.

Esa noche, la marquesa, consigue copiar la llave en un molde; mientras el Rey duerme.




Por fin, Margarita besa a Gonzalo; pero este beso trae consecuencias para el viudo al recordar a su mujer; y Margarita comprende que es imposible seguir albergando una esperanza por él. Finalmente, se separan.

Lucrecia espera con ansia la llave que ha mandado a duplicar al cerrajero. Llega a la par que otra llave que, Catalina, encargó para abrir uno de los arcones de palacio. A causa de Nuño, que apunta a Catalina con su arco, se le caen las llaves al suelo y, ésta, le da a su ama la llave que no es.

Todos, incluso Nuño, van a la romería de los plebeyos. Todos, excepto Satur que, de momento, debe ponerse a leer un montón de libros en busca de una coplilla que narra la huida de un hombre de las cárceles reales. Nuño lleva un arco regalo del comisario, mejor que el de Alonso, haciendo complicada la victoria de éste; pues el pequeño marqués lo hace para impresionar a Matilde. Gonzalo, que quiere enseñar a su hijo que no importa perder en una competición deportiva, anima a Nuño y a Alonso por igual, cosa que el niño no entiende. En la romería, todo son juegos, concursos y alegría. Da comienzo el concurso de arco.


A la final, llegan los dos niños. Nuño da en el centro y, luego, insulta a Alonso para ponerle nervioso y hacer que falle. Alonso lanza y falla por poco. El premio es para Nuño, felicitado por Gonzalo. Alonso sale corriendo.
Gonzalo, sin embargo, no predica con el ejemplo, y, en cierto modo, comido por los celos de ver al doctor con Margarita, reta al médico en el juego de las varas.


 

Finalmente, el médico le vence. Aunque, éste, sospecha que, en verdad, se ha dejado ganar el maestro…

La logia acude con la llave falsa a pedir cuentas a Lucrecia. La golpean y el comisario la arresta. Lucrecia es conducida a las mazmorras, donde el comisario le pone la máscara de hierro. Lucrecia pide al comisario que cuide de Nuño.


 

Mientras sigue la tortura de Valois, Satur ha descubierto el enigma que buscaba entre los libros. Ha localizado el paradero del prófugo. El prófugo vive escondido en el monte, al margen del mundo. Ha hecho voto de silencio al parecer; pero, en realidad, le han cortado la lengua. Finalmente accede a hacer un dibujo con el plano mostrando cómo se fugó a Águila Roja y a Satur.

De vuelta de la romería, la criada espera a Catalina para que le de la llave que abre el baúl donde guardan la plata. Mientras, el Comisario le comunica a Nuño las malas noticias. Pero le miente: „Tu madre se ha ido para siempre”. Nuño asume que su madre está muerta y sale corriendo. Catalina no consigue abrir el arcón y el Comisario descubre todo: que hubo un intercambio de llaves.
El verdugo aprovecha la situación de indefensión de Lucrecia para sobrepasarse con ella.
Pero, el comisario llega a tiempo de impedirlo. No obstante, aún no la libera; pues debe comprobar que la llave, que le ha dado Catalina, es la correcta.
Alonso y Murillo van a casa de Nuño a pedirle cuentas porque creen que ha hecho trampas en el concurso y se encuentran al niño llorando por su madre. El corazón de Alonso, se encoge, siente ahora a Nuño más cercano. Le explica a Nuño que estaba enfadado porque había prometido llevarle la medalla a su madre. Nuño, en un gesto inesperado, se quita la medalla y se la entrega a Alonso. Por la mañana, la llevará a la tumba de su madre.

Aguila Roja con Satur acude a la cárcel del Rey a liberar a Valois. Allí, van a coincidir con el Comisario, que ha llegado antes. Éste, se ha desecho ya del torturador de Valois; y, al oír ruido, decide esconder el cadáver y se oculta tras un hueco en la pared de la celda. En ese momento llega Águila Roja, empuja la puerta, lo único que ve es a Valois. De repente, el Comisario aparece y dispara a Águila Roja que, tras unos momentos vacilantes, cae al suelo herido de muerte. El Comisario no tiene tiempo de ocuparse del enmascarado. Debe huir con Valois y poner, a salvo, al futuro rey. Además, debe sacar a Lucrecia de la mazmorra; ya que ha resultado ser fiel a la causa.
La lleva a su casa, aún inconsciente, y la deposita en la cama. Le da un beso de despedida. Sabe que, lo que había entre ellos, ya no será posible tras todo lo sucedido.

Satur sigue las instrucciones que Águila Roja le dió. Al no volver, debe poner a salvo a Alonso y a Margarita. Debe sacarlos de Madrid y llevarlos a Toledo. Ambos, hijo y cuñada, hacen muchas preguntas; pero Satur no puede responder ninguna en esos momentos. Sólo les pide que confíen en él.

La Logia celebra la liberación de Valois, con la ausencia de Lucrecia (todavía en la cama) y la reticencia del Comisario, que tiene muchas cosas que reprochar; pero no dice nada. Nuño descubre que su madre está viva y corre a sus brazos. Mientras, en la soledad de la mazmorra real, Águila Roja está solo… y quizás muerto.

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